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My
name is Albert Ayler, documental de Kasper Collin.
(2005)
El movimiento del free jazz
comenzó hacia fines de los años 50, cuando Cecil Taylor
y Ornette Coleman comenzaron a explorar una dirección musical
nueva, construyendo sobre lo que el jazz y el blues habían
sido hasta ese momento pero haciendo saltar por los aires muchas
reglas, y posibilitando una verdadera revolución en el plano
estético. El carácter “nuevo” de esa música
era al mismo tiempo, de manera muy dialéctica, un “salto
de tigre hacia el pasado” (Benjamin) de la conciencia africana
y las lucha de clases, y por eso la “new thing” estuvo
profundamente ligada a las luchas sociales y políticas que
se empezaron a encender en esos años para llegar a su momento
más álgido en la década de los 60. Los pioneros
del “avantgarde”, Cecil y Ornette, siguen vivos y en
bastante buena forma. Pero hubo otras dos figuras emblemáticas
que encarnaron el polo más puro y radical, Coltrane y Ayler,
muertos justo en el momento cumbre del movimiento -en 1967 y 1970,
respectivamente- y que en cierta forma han quedado como mártires
del mismo.
“My name is Albert
Ayler”, un documental realizado por el director sueco Kasper
Collin y que ha sido exhibido en distintos festivales desde el 2006
(por ejemplo, fue mostrado en In-Edit en Buenos Aires, cosa que
no ha ocurrido en las versiones santiaguinas de dicho evento), es
un documento dedicado a rescatar del olvido la figura del saxofonista
Ayler, uno de los músicos de jazz que más indiferencia
y hostilidad generó en vida pero cuya influencia y apreciación
ha ido creciendo sostenidamente en el tiempo. Alberto tenía
bastante confianza en que ese reconocimiento iba a tardar pero llegaría.
La frase de Ayler que se reproduce en la portada dice: “If
people don´t like it now, they will” (que vendría
siendo algo así como: “Si a la gente no le gusta ahora,
le va a gustar después”). Gracias a artefactos como
la caja de 10 CDs editada hace unos pocos años por Revenant
records y esta película (que recién a fines de este
año estará disponible en DVD), el tremendo y hermoso
legado que Ayler regaló al mundo comienza a tener la difusión
que merecía. Pues si bien el rechazo del público,
la industria y los críticos oficiales afectó por mucho
tiempo a Ornette y Cecil antes de ser “reconocidos”,
y la intensidad máxima del período final de Coltrane
generó acusaciones de grueso calibre en el mismo campo, las
opciones estéticas revolucionarias de Ayler lo llevaron además
a un entorno de depresión, crisis nerviosa, pobreza extrema,
y finalmente la muerte (su cuerpo fue encontrado en el río
Hudson, y nunca se ha logrado determinar muy bien si se trató
de suicidio, accidente, o algo más oscuro. No olvidemos que
tanto Hendrix como Eric Dolphy murieron en esos mismos años
por una mala atención suministrada por personal médico
que en su mierda de cabecita alojaba prejuicios racistas).
El documental cubre los años
iniciales de Ayler en Escandinavia. Habiendo aprendido a tocar desde
muy pequeño, y luego de tocar con el legendario bluesman
Little Walter, al igual que varios músicos del free jazz
Ayler estuvo un tiempo en el Ejército, donde se dedicó
a tocar saxo todo el día estudiando la obra de los otros
tres jinetes del Apocalipsis (Cecil, Trane y Ornette). De regreso
a su Ohio natal, comenzó a radicalizar su programa y viajó
a Suecia, donde grabó sus primeros álbumes (todavía
acompañado de músicos más tradicionales) y
terminó tocando en la banda de Cecil Taylor durante un breve
tiempo (material que tan sólo hemos podido conocer gracias
al box set de Revenant, “Holy Ghost”). De estas andanzas
escandinavas la película entrega bastantes imágenes
y entrevistas (entre ellas, aparecen amigos de esa época
y hasta una ex-novia sueca de Ayler). El extraordinario baterista
Sunny Murray cuenta en detalle como Ayler se les acercó a
él y Jimmy Lyons (que en paz descanse) cuando estaban de
gira por Suecia con Cecil Taylor, manifestando su intención
de tocar. C.T. rechazó en principio la oferta, pero durante
el set Lyons y Murray le hicieron una seña en un momento
a Ayler para que se incorporara, y el Gran Jefe terminó por
ceder a los encantos del inconfundible sonido ayleriano incorporándolo
a la banda por un tiempo. A partir de ahí, la senda parece
cada vez más clara e intensa y conducía a donde nadie
estuvo antes y muy pocos han seguido habitando (entre ellos, los
más grandes podrían ser el Reverendo Frank Wright,
Kaoru Abe y Charles Gayle).
De regreso a los Estados
Unidos Alberto se rodeó de músicos adecuados, entre
ellos su primo Charles Tyler y el hermano menor Donald. Don se estuvo
entrenando por unos meses, tocando 9 horas al día, y luego
los hermanos se establecieron en Nueva York, donde según
declara Don, solían recibir como pago “5 dólares
por 6 horas de trabajo”. En ese punto el apoyo de Coltrane
se volvió fundamental (desde aportes en dinero efectivo hasta
la incorporación de los hermanos en ciertos proyectos musicales
y su fichaje por el sello Impulse). Pero además, el maestro
tenía una calidad humana tal que no tuvo ningún problema
en abrirse a recibir la influencia de la nueva generación
de músicos al frente del movimiento. Cuando la enfermedad
se llevó a Coltrane de este mundo en 1967, se cumplió
su petición expresa de que en el funeral tocaran las bandas
de Ornette y Ayler. El registro histórico de esa presentación
es uno de los momentos más emotivos del documental…Ayler
con terno blanco encabeza a los suyos interpretando tres temas (Love
Cry/Truth is marching in/Our Prayer –esta última una
de las pocas composiciones de Donald Ayler) unidas en una mega composición
que culmina con el canto/llanto de Albert despidiéndose a
gritos de Coltrane. Un momento impresionante, que tal vez anuncia
el cambio de época sesentayochista que finalmente terminó
bastante mal.
Además de entrevistas
muy valiosas con Edward Ayler (el padre, que aparece en una parte
buscando la tumba de su hijo en el cementerio, y tan sólo
la encuentra cuando un conocido mucho más joven se la señala)
y con Donald (el fiel hermano, de sonido inconfundible en la trompeta,
cuyo estado mental se deterioró severamente hacia 1968, dejando
un sentimiento de culpa terrible en Albert. Según acabo de
enterarme, Don murió el 21 de octubre del año pasado),
aparecen el ya citado Sunny Murray, Gary Peacock (el contrabajista
virtuoso de uno de los mejores momentos musicales de nuestro héroe,
tal como consta en el impresionante álbum “Spiritual
Unity” -en formación de trío, con Murray reinventando
la batería en el jazz-), Michael Sampson (un violinista holandés
de formación académica clásica que se escapó
durante una gira con una orquesta para ir a ver a Ayler y dedicarse
a tocar por unos meses con la tropa aylerista en el período
inmortalizado por las legendarias grabaciones en el Slug Saloon.
En 1965 Sampson había ido a ver terminado tocando con el
trío de Ornette en Amsterdam) y varios otros testigos que
nos entregan montones de anécdotas y permiten mantener la
memoria histórica del movimiento del free jazz.
También se alcanza
a mostrar en estos 79 minutos algo de la polémica deriva
de Ayler hacia una especie de blues rock libre cuasi-psicodélico
que casi se podría confundir con una forma de new age si
no fuera porque conocemos bien todo el resto de la obra de nuestro
querido Albert, época que nos suministró albums tan
raros como “Music is the healing force of the Universe”
y “New Grass”. Su “Yoko Ono”, Mary Maria,
asumía polémicamente de vocalista en esa época
y fue criticada por varios amigotes que la responsabilizaron de
haber aislado a Ayler del resto del mundo antes de morir (pese a
estas acusaciones no se pueden menospreciar las potencialidades
del free jazz hecho por matrimonios, como demuestran Linda y Sonny
Sharrock en “Black Woman” y John y Alice Coltrane en
“Cosmic music” y varias otras colaboraciones). Por cierto,
fue mi novia quien me consiguió hace un año este indispensable
y hermoso artefacto, que aún no estaba en el mercado, mediante
intensas gestiones por Internet y traslados varios de un lado a
otro del océano atlántico. Pero según se anuncia
en www.mynameisalbertayler.com, a partir del otoño gringo
(o sea, nuestra primavera) se podrá ir y comprar directamente
en las mejores tiendas de nuestra ciudad, o sea...no sé si
llegaremos a verlo por estos lados disfrazado de mercancía.
Tampoco creo que la veamos en la pared del cine arte alameda. Pero
podría estar equivocado. Ojalá.
Julio
Cortés.
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