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Pinochet
Boys, Legitimando el mito
Miguel Conejeros (editor)
Midia Comunicación
El
libro que retrata la historia de los Pinochet Boys es un manifiesto
de lo que acontece en las calles de Santiago de Chile mientras el
oscuro poder militar instauraba el terror sobre la ciudad durante
la década de los ochenta. Más allá de hipócritas
series de televisión, este registro muestra una realidad,
un testimonio de verdad y rebeldía que cuatro jóvenes
plasmaron en el discurso de una banda contestataria, la que más
tarde se convertiría en la base de la formación de
una escena musical con actitud punk en este país.
Formados por Daniel Puente,
Sebastián Levine, Iván y Miguel Conejeros (este último,
editor del texto), Pinochet Boys fue un cuarteto surgido en las
calles capitalinas a fines de la década de los ’80.
Con una actitud rebelde, una postura artística y un sonido
cercano al new wave, se tomaron los locales clandestinos de apertura
cultural para traer consigo la influencia del punk que ya hacía
estragos en el resto del mundo. Su historia está enarbolada
con la de otras bandas que participan en un circuito precario, amateur,
como son Índice de Desempleo, Zapatilla Rota o los Dadá,
estos grupos comparten la particularidad de un escaso registro musical,
a diferencia de otras agrupaciones que sí lograron repercusión,
como Electrodomésticos o Fiskales Ad-Hok. Hoy, sólo
dos temas son los que se rescatan de escasas grabaciones y han servido
como legitimación de una historia que parecía mito
y que hoy se hace ver hace ya veinte años de su existencia.
El texto se arma en relación
al testimonio de diversos actores presentes en aquella época.
Comenzando con la versión de los propios protagonistas es
que podemos entender la génesis de una banda cuyos integrantes
(provenientes del sur, con influencia musical de los medios que
emergían en Concepción) probaron suerte en la capital,
cercanos a la Facultad de Arte de la Universidad Católica,
escenario donde la bota militar no mostraba su lado más duro,
al ser ésta una casa de estudios cercana al poder político
presente por esos días. Tal como lo retrata Hugo Cárdenas,
pintor integrante de la ‘Contingencia Sicódelica’
(Colectivo artístico cercano a los Pinochet Boys); “nuestra
rebeldía era muy liviana, universitaria, no olvidemos que
ninguno de nosotros provenía de las clases populares”.
Quizá el acierto más
importante de este libro es la calidad fotográfica que ofrece.
Con un soporte adecuado en el papel, las tomas de una serie de fotógrafos,
encabezados por el lente de Gonzalo Donoso, son las que muestran
tal como fue la realidad de esos años, sin palabras de por
medio, el registro vivo pareciera igualar el sentido que adquiere
una obra musical desaparecida. Fotografías de muchas presentaciones,
de locales, del entusiasmo de gente anónima que iba a estas
tocatas, ávida de descontrol, de desorden, esperando el caos
o morir por él. Además, una extensa recopilación
de afiches y recortes periodísticos son el material que completa
el archivo, extrañando aún más la posibilidad
de oír más canciones.
Está claro que no
son grandes mártires de nuestra música, tampoco hay
mayor material que éste para apreciar su historia, pero el
texto aquí presente viene a legitimar un pasado importante
en nuestra música. Momentos que ponen de manifiesto la falta
de creatividad actual, tomando como ejemplo una época donde
se negó todo, pero aún así surgieron bandas
con un discurso paralelo, disconforme. La importancia de los Pinochet
Boys radica en la capacidad de sostener un mensaje frente a la adversidad,
en pararse al frente de un público y transmitir cosas que
hacen cuestionarse mientras observas, sensaciones que hoy han desaparecido
de nuestros escenarios. Tomar riesgos, aventurarse en formar una
banda y gritar, son gestos que bien valen una historia que contar,
aunque pasen veinte años para hacerlo.
Juan
Miguel San Cristóbal.
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