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Sonic
Youth
Domingo, 29 de Marzo de 2009.
Movistar Arena, Santiago.
La visita
de Sonic Youth tuvo para muchos la oportunidad de pagar una vieja
deuda. Independiente de lo que cada uno tenía pensado para
este concierto, la experiencia terminó por sobrepasar a cada
uno de los presentes, el cuarteto neoyorkino (ampliado a quinteto,
desde siempre por un bajista auxiliar) se presentaba por primera
vez en Chile después de una vida de trayectoria y lo hizo
con una vigencia incomparable.
La banda
abre los fuegos con ‘Teenage Riot’, siendo Daydream
Nation el disco más presente en el set, el que 20 años
después de salir aún muestra con frescura la postura
vanguardista de esta agrupación. Tras el corte, un choque
de guitarras sellaba triunfal una sesión directa de distorsión
de alto voltaje, un golpe directo, rápidamente se daban a
conocer las intenciones de los músicos, absolutamente compenetrados
en escena. El nivel del sonido estaba lo suficientemente alto para
que nadie quedara ajeno a la máquina de ruido que tuvimos
al frente.
Luego
de ello, la energía fue idónea para ir en ascendente
velocidad. La capacidad de manejar los tiempos de la banda deja
en claro una relación infinita que asegura calidad en la
ejecución de los temas y en cómo explotarlos en vivo.
‘Bull in the Heather’ e ‘Incinerate’ son
las siguientes piezas que a pesar de estar alejadas en los discos
sonaron de manera muy similar, mostrando la inclinación de
la banda por armar las canciones con libertad para finalizar, siempre
en conexión a través del ruido.
Tras
ello, el repaso de Daydream Nation (Hey Joni, The Sprawl y ‘Cross
the Breeze) formó una plataforma que mantuvo la potencia
del sonido y el significado del repertorio como herramientas para
lograr convencer a un público ya entregado, agradecido. Sin
ánimo de pausas, Thurston Moore siempre inspirado volcó
toda su energía en sorprender, ya sea acoplando al máximo
los parlantes, saltando o invitando al público a tocar su
guitarra, no hay necesidad de hablar (salvo la presentación
de ‘Schizoprenia’), sino agradecer a través del
sonido. Luego de ello, la banda muestra su primer tema nuevo, ‘Calming
the snake’, blindado tras la interpretación de ‘100%’
y ‘Jams Run Free’, siendo éste el peak del repertorio.
La banda
mantuvo siempre los hilos con sorprendente apego. Kim Gordon (secundada
por Mark Ibold, de Pavement) con una energía e inspiración
que mantuvo siempre en alto. Lee Ranaldo desde siempre sorprendido
por la convocatoria, por la respuesta, distorsionando su guitarra
con arcos de violín, baquetas o el piso como mudo testigo
de una profanación musical. Mención aparte para Steve
Shelley, quien no dejó dudas de la pasión que impregna
su calidad, mostrando una precisión en cada toque coronada
en felicidad, sonrisas en la banda se vieron toda la noche, Sonic
Youth estaba disfrutando el show que por fin los chilenos pudieron
presenciar.
Así
el setlist fue avanzando sin decaer, buscando siempre copar los
espacios con algún detalle, rasgos menores pero claves de
un estudio minucioso a la hora de generar un discurso. ‘Mote’,
‘Kool thing’ y ‘Pink Stream’ cerraron la
primera parte del set. Cada tema cargado de distorsión, de
voltaje, siempre la banda mostró una necesidad de elevar
cada entrega, de mostrar diferentes aristas en una intención
de riesgo permanente.
Tras
el primer regreso escuchamos una joya, ‘Burning Spear’
de 1982, y paradójicamente, el segundo de los adelantos de
“The Eternal” (‘Sacred Trickster’), cerrando
con ‘Silver Rocket’. Para el recuerdo queda el segundo
regreso con ‘Shaking Hell’ y la arolladora ‘Expressway
to yr Skull” siendo el broche de oro, la confirmación
de que hoy los planes siguen vigentes, aún cuando sus discos
ya muestran un “sonido resumen” de lo que fue la influencia
de Sonic Youth. No obstante, sus proyectos paralelos alejan el sentido
real de la autoparodia, hoy SY muestra la potencia que los caracteriza
con el mismo ímpetu bajo el cual se diseñó
su propuesta.
Juan
MiguelSan Cristóbal.
Foto:
Rodrigo Astaburuaga. Cortesía potq.cl
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