Psychedelic Horseshit
Viernes, 9 de enero de 2009
More Artists, Less Condos. New York

No es casualidad que los últimos shows de Pink Reason y Psychdselic Horsehit en New York, hayan tenido una altísima convocatoria de gente. La sensación de cansancio auditivo generalizado (proveniente del lógico agotamiento de estilos recientes), hacia pedir a gritos un recambio de sonido y estética.

Esta camada utliza una metodología de trabajo que parte bajo la premisa de que concualquier elemento se puede crear música, mas allá de que casi todos ellos cuenten con alineaciones que los asocian con un formato de rock and roll ortodoxo. Música generada con equipos de cuarta o basura recogida en la calle, mientras que integrantes de las bandas van y vienen para apoyarse unos a otros, ya sea en giras o en las granaciones de sus discos.

En el caso particular de Psychedelic Horseshit, su presentación fue apoyada por músicos amigos pertenecientes a otras bandas (Una de ellas es Times New Viking... No puedo recordar el nombre de la otra). Su aporte en guitarra y bajo ayudó a complementar su característico y difuso sonido psicodélico.

Se viene una serie de 7” y un inminente LP (que aparecerá bajo etiqueta Siltbreeze), por lo que gran parte del concierto fue para mostrar sus nuevas canciones. Sin pasar por el obvio filtro de la baja fidelidad que implicar registrar sus discos, no se advierte una evolución demasiado notoria en Psychedelic Horsehit. Mas allá de algunas sutilezas (el teclado tiene un poco mas de protagonismo en algunos temas), todo sigue mas o menos igual. Por lo mismo, todos los que quedaron encantados con un disco como “Magic Flowers Droned”, sentirán cierto regocijo a medida de que el grupo comience a editar sus nuevas producciones.

Mucho agua ha corrido desde la ultima vez que fuimos testigos de uno de sus shows. Los recientes seis meses, han representado una impresionante expansión de la banda, en términos de popularidad y da la impresión que su momento ha llegado. Habrá que ver hasta que punto serán capaces de alargar la cuerda.

Iván Daguer.