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Los
Cuatro Aces de La Jarana
Duelos vocales de las calles de Lima
Topic Records
(2005)
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Para nuestros oídos, acostumbrados
a escuchar voces afinadas y arreglos digitales cuyos videos podemos
ver en los vagones de metro que nos llevan a Puente Alto, esta música
puede llagar a sonar muy extraña. Esto a pesar que no viene
de tan lejos comparando con otras músicas disponibles para
el consumo en la capital.
Corresponden a grabaciones de jarana
o marinera limeña que fue muy popular en Lima luego que se
produjeran masivas migraciones desde el campo a la ciudad. Es una
evolución de la zamacueca (que también llegó
a Chile) y ocupa la estructura de la décima, ambas con un
origen español, para realizar los fraseos. Esta música
era comúnmente ejecutada en las calles de Lima por músicos
generalmente negros que hacían competencias improvisadas
de provocadoras arengas que fácilmente podían terminar
en peleas.
Tal como lo explica el libro al
interior del disco, hoy en día, la jarana ha perdido sus
sentido original improvisado y callejero para ser interpretado en
ciertos reductos especializados donde esta música se memoriza
y reinterpreta con disfraces especiales como si fuera un estilo
musical encasillado en reglas impuestas no por los artistas si no
por representadores posteriores.
El disco fue grabado en 1958 por
José Durand quien decide reunir a grandes leyendas de este
movimiento musical, que rondaban entre los 50 y 70 años,
y llevarlos a grabar a un estudio, no con la idea de generar una
carrera discográfica sino como una manera de dejar un registro
de esta música en extinción. Las cintas permanecieron
sin publicar hasta después de la muerte del grabador en 1990
cuando una copia de estas termina en manos de la biblioteca de Londres,
la cual publica este disco.
Música callejera, popular,
honesta, es muy fácil de pillar en nuestras ciudades o en
lugares más rurales y es muy difícil de pillar en
medios más institucionales o dentro del mercado. Son músicas
con un alto valor de originalidad y extrañeza para lo que
acostumbramos escuchar. Ahí el valor de registros como este
que pueden parecernos lejanos por la poca presencia que tienen en
las estanterías de discos y estudios de grabación,
pero con un alto valor de originalidad.
De esta música podemos aprender mucho, aún antes que
sea registrada en un disco y puesta en el mercado, en este caso
por la biblioteca de Londres, y luego disponible para comprar en
el “primer mundo”. En este sentido creo que estamos
en ventaja geográfica, en cuanto a enterarnos de estas manifestaciones
culturales muy potentes y que no las tenemos tan presentes porque
estamos demasiado preocupados de las manifestaciones culturales
de lejanas latitudes y de las cuales no vamos a poder tener un sentido
completo. Sentido de completitud que no es posible sin poder presenciar
los eventos en vivo y la información nos llegue tardíamente
si es que nos llega del todo.
Lecciones que van desde la formación
(que en este caso son 8 músicos (donde destacan las figuras
de los jaranistas Manuel Quintana Olivares, los hermanos Augusto
y Elías Ascuez Villanueva y Luciano Huambachano Temoche,
conocidos como los cuatro aces de la jarana, que son acompañados
con guitarras palmas y cajones hechos muchas veces con cajas usadas
para el transporte de mercancías) o por la estructuración
de las interpretaciones (el disco se conforma con 7 jaranas que
duran alrededor de 9 minutos que se subdividen en cuatro partes
y terminan con una resbalosa y una fuga). Por otro lado, el sonido
es bastante suelto y libre llegando a momentos a parecer caóticos.
Estas y otras cosas son las que distintas sensibilidades pueden
percibir de manifestaciones como esta que geográficamente
tenemos cerca pero culturalmente distantes y de las cuales podemos
utilizar para renovar la música que ofrece Santiago, que
a veces puede parecer aburrida e imitadora de tendencias geográficamente
lejanas, lo cual nos da una desventaja para la renovación.
“Que una jarana así
Supuengo que no lo hay
Ni en Londres ni en Paris
Ni en Bombay, Caray”
Jarana 5. Resbalosa y Fuga. Una
jarana así
Tomás
Salvatierra.
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