Mississippi vuelve con otro retrato
de un hombre orquesta. Esta vez nos introduce en el mundo de Abner
Jay, una de las últimas leyendas del minstrel de los estados
del sur. Capaz de tocar simultáneamente banjo eléctrico,
guitarra, percusión y armónica (además de
cantar), Jay tenía también un talento especial para
hacer síntesis de la música americana de raíz
negra. Por eso, su repertorio evoca desde el primitivismo africano
(fue el último tocador de huesos conocido), pasando por
el primer góspel, el blues y el rhythm & blues.
Con un largo repertorio editado a través
de su propio sello (Brandie Records), Abner Jay terminó
siendo un excéntrico músico itinerante y callejero,
con un especial ojo para las propinas, siempre instalado en su
escenario portátil arreglado en un modesto acoplado. Sin
embargo, estuvo bastante lejos de ser un outsider: se las arregló
para iniciarse en el mundo del espectáculo durante los
50s, llegando a ser manager de Sister Rossetta Tharpe, y trabando
amistad con músicos como Chuck Berry, James Brown y Muddy
Waters.
Esta
compilación recoge trabajos suyos de diferentes épocas
-en los que destaca la impecable habilidad de Jay para percutir
la guitarra, logrando una peculiar integración de percusión
y cuerdas-, varios de los cuales perfectamente podrían
estar incluidos en compilaciones como Spacelines. En ellos instala
atmósferas intimistas y estáticas, que favorecen
que su voz muestre su singular expresividad, como se puede notar
en Cocaine y I’m so Depressed, canciones que resaltan especialmente
el poder evocador que ésta alcanza.
Pero este disco no sólo conquista por su
sonido, sino también por su cuidada edición, que
incluye reproducciones de textos manuscritos de Jay para contextualizar
sus canciones, una autobiografía, una fotografía
profesional y un folleto: quizás como una forma de recordarnos
la artesanía promocional de los músicos independientes
en estos tiempos de comunicación virtual, superficial e
instantánea.
José Miguel Salazar