Elvis,
Lux Interior y Alan Vega se funden en un cavernoso sonido primal,
minimalista y crudo que evoca a bandas como Suicide, Les Rallizes
Denudes (como queda de manifiesto en la versión de “A
Hundred Highways"), The Ronettes y todo ese sonido (a estas
alturas) anacrónico de la generación de bandas estadounidenses
de los 60’s. Hasta ahí, todo suena bien en la formula
creativa de Dirty Beaches pero hay algo que falla en el resultado
final.
A diferencia
de bandas que incurrieron en metodologías de trabajo similares
(Spacemen 3, es un buen ejemplo), todas las evidentes influencias
que son advertidas en su música, solo pasan a ser un pastiche
que solo denota buen gusto y que no pasa mas allá de eso.
Esto provoca el rechazo inicial; y a medida que las audiciones
del disco se suceden, la sensación inicial solo se intensifica.
Definitivamente la dinamita está en otro lado.
Iván
Daguer.